La Expedición al Sur
El error en el mapa no es accidental. Alguien entre los expedicionarios conoce el destino real, y no tiene intención de compartirlo.
Beginning
El cuarto día sobre el hielo, Clara Montes supo que el mapa mentía.
No fue una sospecha repentina, sino la suma callada de pequeñas cosas que llevaba dos jornadas guardándose. La cordillera que el mapa situaba a su izquierda había aparecido, en cambio, a la derecha, baja y azulada en el horizonte. El nunatak que debía servirles de referencia —una aguja de roca negra asomando entre la nieve— no estaba donde debía, sino casi un grado más al este. Y, sobre todo, estaba el sol. Clara llevaba toda la vida leyendo el cielo como otros leen un periódico, y el sol, a mediodía, no caía donde el rumbo marcado prometía. Cada tarde, cuando montaban el campamento, ella sacaba el sextante con disimulo, anotaba cifras en una libreta que escondía bajo el forro del anorak, y cada noche las cifras le decían lo mismo: no iban hacia donde creían ir.
La expedición avanzaba hacia el sur-sureste, hacia un cuadrante que en su copia del mapa aparecía en blanco, sin una sola curva de nivel, sin un nombre, sin nada. Y nadie más parecía darse cuenta.