La Memoria de Marte
Los huesos son reales, pero la cronología es imposible. La corporación que financia la misión quiere que ella guarde silencio; ella quiere saber quién estuvo aquí primero.
Beginning
El tubo de lava tenía noventa metros de profundidad y olía, dentro del traje, a nada. Eso era lo que Elena Vásquez más le costaba aceptar todavía de Marte: la ausencia total de olor. En la Tierra, la roca húmeda, la tierra removida, el polvo de cantera tenían cada uno su firma química que le decía al olfato cosas que los ojos tardaban más en procesar. Aquí solo había el reciclaje mecánico del aire del traje y el suave zumbido del ventilador de enfriamiento.
Elena llevaba tres horas sola en el tubo. El equipo de perforación había generado suficiente material para una semana de análisis, y ella estaba recogiendo muestras de la pared más reciente con la meticulosidad que le había valido el puesto en la misión: cada fragmento etiquetado, cada extracción fotografiada desde tres ángulos, cada coordenada registrada en el sistema con doble verificación. Era el tipo de trabajo que la mayoría de sus colegas encontraba tedioso y que a ella le producía una satisfacción casi física.
Fue la cámara lo que la vio antes que ella. El sistema de visión aumentada de su casco proyectó un contorno amarillo sobre algo incrustado en la pared del tubo, a unos veinte centímetros por debajo del nivel en que estaba trabajando. «Densidad anómala. Posible inclusión mineral», decía el texto en el margen del visor.